El Niño gana fuerza y alertan por posibles crecidas de los ríos Paraná y Uruguay. El Pacífico tropical está enviando señales cada vez más claras. Lo que hace apenas unos meses aparecía como una posibilidad dentro de los escenarios climáticos ahora se consolida como la opción más probable para la segunda mitad de 2026.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que existe un 80 % de probabilidad de que se desarrollen condiciones de El Niño durante el período junio-agosto, mientras que las chances de que el fenómeno persista hasta finales de año superan el 90 %. Los modelos climáticos coinciden además en que podría alcanzar una intensidad moderada e incluso fuerte.
La noticia tiene implicancias que van mucho más allá del océano Pacífico. El Niño es uno de los principales reguladores naturales del clima global y suele alterar patrones de lluvias, temperaturas y circulación atmosférica en numerosos continentes.
“El Pacífico ya muestra señales inequívocas”, dice la OMM
Las observaciones realizadas durante abril y mayo detectaron temperaturas superficiales del mar muy próximas a los umbrales utilizados para declarar oficialmente un episodio de El Niño.
Sin embargo, la señal más llamativa se encuentra debajo de la superficie. Según la OMM, amplias zonas del Pacífico tropical presentan temperaturas superiores en más de 6 °C respecto de los valores normales para la época. Ese exceso de calor funciona como una enorme reserva energética capaz de seguir alimentando el calentamiento de las aguas superficiales durante los próximos meses.
La combinación entre océano y atmósfera es fundamental. Un calentamiento aislado del mar no alcanza para definir plenamente el fenómeno; ambos componentes deben evolucionar de manera coordinada para que el episodio se consolide.
Por qué preocupa a los meteorólogos
El Niño modifica la distribución global de calor y humedad. Como consecuencia, aumenta la probabilidad de determinados eventos extremos en distintas regiones del planeta.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que un evento fuerte “podría agravar episodios de sequía, intensificar lluvias extremas y favorecer olas de calor tanto sobre los continentes como sobre los océanos”.













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